La fuerza de la razón. La fuerza de la Justicia

La necesidad y casi la obligación ha relegado a esta última semana del mandato  2015-2019 la redacción de este texto. Supongo que después de tantos incumplimientos pensaría que tampoco llegaría, pero dije que se lo haría y aquí está. Y es que este escrito se lo debo y dedico a Miguel Cano.

Tenemos en la vida municipal diferentes cuestiones que sintetizan ellas solas toda la medianía y mezquindad de la política local. Una de ellas es la cuestión del cementerio. No solo jugaron con los sentimientos más profundos cuando muchas personas mayores recibieron aquella vergonzosa carta. Después masacraron y siguen masacrando los bolsillos de ciudadanos interpretando la legislación por el lado que siempre más les interesa para continuar haciendo negocio con el recuerdo de los más queridos. Ahora rubrican el mandato con la más absoluta, chulesca y cobarde indiferencia, incapaces de dar la cara a las puertas de las elecciones municipales.

En el Pleno Municipal correspondiente al mes de abril de 2019 vivimos la última cacicada del todavía gobierno municipal. Una moción sobre el sempiterno conflicto del cementerio, presentada por Miguel Cano y rubricada por más de 100 personas que no fue admitida (incumpliendo el ROM y el Reglamento de Participación) por el alcalde Jordi San José.

Dicha moción no fue ni tan siquiera planteada en la Junta de Portavoces por lo que los mismos tuvimos conocimiento de ella a posteriori y vía e-mail, por el cual el alcalde nos comunicaba que había tomado la decisión de no incluirla por razones que encuentro del todo arbitrarias.

Como respuesta los grupos municipales de Ciutadans y del PP presentamos una moción de urgencia (recordemos que se deben discutir y votar y se tratan al final del Pleno) que fue rechazada de plano con los votos de las formaciones que dan apoyo al gobierno municipal (ICV+PSC). Carpetazo al asunto, haciendo como si no hubiese existido jamás. NI la tremenda humanidad de Miguel Cano, que aguantó impasible y en silencio hasta el final como el titán que es, les conmovió. La indiferencia y la nada absoluta, o sea, lo que mejor saben hacer.

Uno de mis pecados  (fruto de la inexperiencia supongo) ha sido ser en exceso indulgente ante las interpretaciones flexibles que de las normas se han hecho desde el gobierno. Hemos tenido concejales que nunca deberían haber asistido a las Juntas de Portavoces y se han incluido en el orden del día mociones que por su simpleza, vacuidad y nulo interés nos podríamos haber todos ahorrado. Hasta se han admitido más allá de los plazos legalmente establecidos, simplemente por no hacer esperar un mes a los colectivos interesados. Siento vergüenza por mi debilidad y prometo, si de mí depende, no tolerarlo nunca más. Y pido perdón por ello.

Siento pena y desazón por el futuro de nuestra ciudad si sigue en manos de esos grupos políticos, distantes, fríos e insensibles ante el dolor ajeno. Que se llenan la boca de grandes principios y de palabras grandilocuentes sobre el bien común, el bienestar de las personas y la defensa de los más débiles. Indiferentes ante la imponente figura (enorme, grande, inmensa humanidad) de un único hombre que les recordaba que la Justicia llega de forma inexorable, antes o después. Y que ni su gran poder ni su tremenda hipocresía le (nos) callarán.

Triste y frío final de mandato del período San José, de vergüenza y bochorno. En aquel triste momento recordé una cita del Evangelio de San Mateo que reza así “«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes”.

Y a diferencia del cementerio real, en el que el recuerdo y el cariño envuelven un lugar de tristeza y adiós, en el camposanto que se ha convertido nuestra casa consistorial solo quedará la indiferencia y el olvido de aquellos que hemos ocupado transitoriamente sus asientos de nuestro efímero paso por ese lugar si no hemos sido capaces de ponernos al servicio del bien común. Luego nos preguntamos, pasados un tiempo, por qué nadie nos recordará.

Si miro hacia atrás en estos años que he sido concejal en la fría e inhóspita oposición he comprobado como la suerte ha sido diversa, con amarguras (muchas) y alegrías (más escasas). Sin embargo he estado y estaré orgulloso de haber ayudado a mis vecinos en aquellas causas que he considerado justas, sobre todo cuando topaban ante el rodillo inmisericorde del poder. Y uno de esos momentos fue cuando te levantaste, en un estruendoso silencio, y mostraste en la misma cara del poder (como hacen los hombres valientes) la verdadera talla y el océano de  distancia que os separa.

Estimado Miguel. El pasado día 25 de abril nos distes en el último Pleno del mandato una postrera lección de dignidad y señalaste con tu actitud cual es el camino. No puedo más que darte las gracias por tu esfuerzo, ejemplo e inspiración. Si  hay algo que todavía me empuja a seguir en el duro camino de la política municipal es defender ésta y otras causas justas de ciudadanos maltratados por los que han gobernado desde siempre nuestra ciudad. Y si no es así siempre contarás con mi leal apoyo. No estás solo, porque los hombres que defienden causas justas como la tuya nunca lo están puesto que la fuerza de la razón siempre les acompaña. Esa es la diferencia entre unos y otros. Por eso unos son pronto olvidados mientras que otros perviven en el recuerdo.

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