Memòries desafinades. El niño raro y las copas de más

MEMÒRIES DESAFINADES. Capítol 4

J&J Produccions (Kultura a cops de rock)

Tornen les Memòries Desafinades, i tornen amb novetats importants. La primera és que el projecte supera el marc del personalisme / individualisme i així, a partir d’ara, s’identificarà com una proposta col·lectiva de l’associació local J&J Produccions. Els objectius continuen sent els mateixos: crear i fer créixer un espai on explicar les històries del rock a Sant Feliu.  En aquest sentit, Fetasantfeliu continua oferint els seus recursos per allotjar tots els materials que es generin a la seva plana web (gràcies!).  

Per un altre cantó, el projecte continua obert a rebre totes les aportacions de la gent que han viscut o viuen al voltant de l’escena del rock a casa nostra. Ens agradaria que l’espectre/ventall d’aportacions superés el marc estricte dels músics i així s’obrís a persones que actuen o han actuat des de punts de partida diferents: públic en general, locals, associacions, organitzadors de concerts, dj’s, propietaris de bars, botigues de discos, etc.

En darrer terme volíem anunciar que hem encetat una relació positiva amb Ediciones La Mordida. De manera concreta hem publicat amb ells el nostre fanzine Ian Curtis. Camina en silenci; la valoració positiva d’aquesta primera experiència ens ha portat a establir els primers acords per publicar, en versió paper, un primer volum de Memòries Desafinades quan considerem que disposem de suficients materials susceptibles de conformar una obra atractiva per al públic roquer de Sant Feliu.  

I ara presentem el capítol número 4. L’Alberto col·labora amb J&J Produccions des de un bon començament. Al llarg d’aquest temps hem compartit moltes estones de barra de bar parlant de l’escena santfeliuenca. La seva tremenda personalitat li donava sempre una visió diferent al relat més al ús. 

Per un altre cantó, el llarg recorregut li donava una profunditat i una perspectiva notable que feia evident que ell havia de formar part del projecte Memòries. Es per això que li vam demanar, ell va acceptar de seguida el repte. Els resultats han trigat en arribar però ha valgut la pena l’espera.

A El niño raro y las copas de más, l’Alberto ha parit un text que respon com ningú dels que havíem publicat fins ara a l’etiqueta memòria. Autèntic viatge introspectiu, l’Alberto ens porta de la mà fins als orígens de la música tecno a Sant Feliu; la seva aportació ens mostra un panorama i una escena alternativa al heliocentrisme del Casal de Joves i on els límits amb el mainstream i l’èxit comercial eren més difusos o directament es podien arribar a tocar amb els dits.

Des de la perifèria sonora al barri de la Salut fins a Los 40 Principales, des de Línea Sofisticada fins a Síbaris passant les cabines dels dj’s i acabant amb una monja que ofereix sessions de petardeo ilustrado!

Jo de vosaltres no m’ho perdria! 

Salut i rock & roll!

 

Capítol 4:

EL NIÑO RARO Y LAS COPAS DE MÁS

Alberto Isasi

No lo digo por decir, si a los quince años me dicen que iba a vivir todo esto me hubiera parecido increíble, como mínimo. Por el contrario, ahora, por mi insatisfacción natural, no me parece para tanto. Pero me piden que escriba este pequeño pedazo de historia musical de Sant Feliu de Llobregat desde mis propias vivencias y supongo que algo debo haber aportado, aunque siga siendo un aprendiz.

Alguien llamado Blas / Raffaella Presidenta

Tendría unos cinco años cuando intenté por primera vez analizar una canción. Había en casa un single de Formula V, el célebre La fiesta de Blas. La letra hablaba de una fiesta realizada por un anfitrión, llamado Blas, dónde todo el mundo bailaba y ligaba hasta que salía el sol. Hasta aquí todo bien, pero el estribillo decía: En la fiesta de Blas todo el mundo salía con unas cuantas copas de más. Pues bien, mi mente infantil no comprendía por qué aquella gente se marchaba de la fiesta con unas cuantas copas en sus manos ni que motivos tenían para llevárselas deliberadamente. 

Este fue mi primer encuentro con la retórica del pop que tardé años en resolver, pero el espíritu de la letra de esa canción me ha acompañado siempre. 

Meses más tarde, el viejo militar que manda se muere y a este parvulario le dan fiesta en el cole. Aunque la gente reacciona de diferente manera, un tiempo después llega el día en que mis padres votan por primera vez en la planta de arriba del Casino. Yo reclamo el voto para mi primer gran ídolo absoluto: Raffaella Carrà. Sólo consigo unas risas en el colegio electoral y silenciar mi propuesta. La Carrà me parecía lo más, tal vez parta de aquí un cierto interés por las divas y divos, incluidos los que pretenden ser lo contrario y no lo consiguen.

No había nadie en mi familia relacionado remotamente con la música. A mi abuelo, que era vasco, le gustaba cantar canciones tradicionales de su tierra, pero eso era todo. Durante mi infancia y adolescencia nunca supe que quería ser exactamente, si dj, cantante, bailarín, teclista, pero desde bien niño empecé a comprar música.

Además de la relación con mi vecino Pepe Ruiz (propietario de una guitarra eléctrica, amplificador, el primer micro de verdad que probé y miembro de las bandas X-Group o Los Brotes) y su hermano Tony (de los míticos Charanga) mis primeros contactos musicales fueron prácticamente con los que trabajaban en las tiendas de discos: la sección de discos de los Almacenes Rius, Discos Miguel’s, Caba, Don Disco, Discomía, etc. Todos ellos me conocían porque me pasaba mucho tiempo de una tienda a otra buscando tal o cuál disco. Estos dependientes, o dueños de las tiendas, sí tenían algunos contactos, colaboraban en radios o eran directamente dj’s, cosa que en un futuro me sirvió relativamente.

Con Pepe Ruiz, el principio de todo (1977)

En mi infancia setentera lo más que hacía musicalmente era grabar canciones de moda en cintas de cassette cantando con mi prima Rosamari y escuchar mucha música: la que le gustaba a mi hermana y sus amigas (pop para adolescentes con la revista Super Pop incluida), canción ligera, rock clásico, glam, algo de progresivo y la maravillosa, aunque omnipresente, música disco. Hasta que, en algún momento, hacia el final de esa niñez, llegó la new wave y poco después el italo-disco, llamado por estos lares coloquialmente spaghetti. 

A los once o doce años mis primeros referentes de la new wave, dejando a un lado a The Police, fueron en el lado internacional: Soft Cell, Yazoo, Duran Duran, ABC y sobre todo O.M.D (Orchestral Manoeuvres In The Dark). Otras bandas como Depeche Mode, Krafwerk o The Human League me tardaron más en entrar. 

A nivel estatal lo primero análogo a lo antes descrito que escuché fue Mecano, Azul y Negro y Tino Casal. Me encantaría decir que fue Aviador Dro, Oviformia SCI o Glamour, pero los conocí un par de años después y tardé alguno más en digerirlos. Alaska y Los Pegamoides no tardaron en entrarme por la vista y enseguida me conquistaron por el oído. Poco después llegarían un montón de grupos, desde los adscritos directamente a la movida hasta los meramente comerciales que pretendían seguir la estela new romantic y techno-pop de Mecano. De toda la segunda hornada tecno los que más me influyeron en su momento fueron los valencianos Vídeo.

Fundido a negro

Todo parecía ir genial, me apuntaba en el colegio (Sant Ferran, el del Ateneu) a todas las fiestas que había para realizar bailes con las chicas como en la serie Fama o los vídeos de Michael Jackson y ofrecía mis discos para ponerlos en dichas fiestas. El momento efervescente que vivía parecía no parar, pero al finalizar 8º de E.G.B., con catorce años, me perdí. Literalmente. No tenía ni idea de cómo seguir con mis ilusiones, qué hacer, cómo encontrar mi camino, por no decir que mis sueños de bailar, cantar, tener un grupo o ser dj, me parecían utópicos, totalmente fuera de mi alcance. 

Yo jugando a ser new wave - new romantic a punto de cumplir los 13 años y con más bigote que Freddy Mercury (1983)

Todo esto unido a la crisis de identidad adolescente, en todos los aspectos, me sumió en una introversión que intentaba disimular socialmente y que me provocó extrañas relaciones con las amistades de aquellos años. Aparqué definitivamente mis ilusiones y me hundí en los estudios. Me refugié en la lectura y en las ciencias ocultas, buscando respuestas que jamás encontré. Pero además de novelas y libros sobre hechizos, espiritismo o telepatía, me leí los seis tomos de la Historia de la Música Rock (1954-1983) .1 varias veces. Con esta insigne enciclopedia, mi interés sobre los artistas de las décadas pretéritas se volvió casi obsesivo.  Conocer todos los géneros y subgéneros surgidos desde el nacimiento del rock and roll, incluso antes, me dio una visión global de la música popular que nunca he perdido y me descubrió bandas que apenas había escuchado anteriormente. 

También el programa Pop la Tarde de Ràdio Sant Feliu conducido por Luis Hidalgo2 me enseñó muchísimo sobre la música estatal menos difundida por los medios como el punk, el rockabilly o el pop-rock menos comercial.

Al mismo tiempo, mi estética es influida por la new wave más comercial en principio, pero inspirado en la parte más gótica de Alaska, empiezo a ocultarme, de forma intermitente, tras el color negro y a interesarme por música más oscura, sobre todo The Cure y más tarde unos extintos Joy Division, Parálisis Permanente o unos primeros Héroes del Silencio que tenían cierto toque oscuro en sus primeros discos. Todo esto sin olvidar la música mainstream de turno que seguía con el mismo entusiasmo que el resto, al menos hasta principios de los 90. Como contrapunto a todo lo anterior dicho, escuchar en la más íntima soledad cantautores como Sabina, Perales y especialmente Serrat, entre otros, me hizo crearme una especie de intensidad y melancolía que ligada al suave toque dark y la aparente frialdad del synthpop, marcaría sin querer mis composiciones posteriores, aunque no tanto en escena.

Con la inauguración del Casal de Joves en junio del 1988 supe de la existencia de La Fiebre del Oro, un grupo local que iba a telonear nada menos que a La Frontera. A mí, ese evento me parecía total. Apenas había visto un par de conciertos relevantes antes de eso; recuerdo ir tres años antes, sólo, al concierto de Radio Futura que se realizó con motivo de la inauguración del polideportivo. Mis amigos de entonces seguían sin estar por la labor, eran más de discotecas y tan solo conseguí ver a La Fiebre del Oro y a La Frontera en una escapada que hice desde la terraza de El Boulevard. 

Me fascinaba el hecho de que existiera una banda en Sant Feliu. Hasta ese momento, no era consciente de lo que pasaba musicalmente en la ciudad y recuerdo ver con admiración por la calle al, ahora amigo, Josep Coca, con su maleta, su pelo de punta y su vestimenta oscura.

La periferia sonora

El otoño siguiente, cuando yo intentaba estudiar administrativo en la escuela de FP Camprubí, conocí a alguien que iba a cambiar el desorden de mi vida en otro más acorde con mis íntimas y subyacentes aspiraciones. David Cañadas era escasamente un par de años menor que yo. Un chaval carismático, ligón, extrovertido y peor estudiante que mi desubicada persona. Aun siendo muy distintos, congeniamos perfectamente y comenzó a darle, sin querer, un determinante giro a mi vida.

El servicio militar en la Marina me sirvió para pensar y viajar un poco. En uno de los habituales viajes a Ceuta compré un mini teclado Casio. Quería hacer algo con la música, no tenía decidido si como dj (factible, pues ya había hecho mis pinitos) o como músico (cosa que seguía viendo complicada, pues apenas había tocado infamemente la flauta).

Tras la mili, David y yo, más un amigo que se nos unía al principio, empezamos a tocar torpemente improvisando sobre bases pre-programadas en nuestros diminutos y limitados teclados.

En esa época empezó a circular, entre los amigos del hermano de David, unas maquetas en inglés de unos tal Oberkorn, unos fans de Depeche Mode que acabaron llamándose OBK.

Ya solos y animados por no ser los únicos interesados en el tecno pop, compusimos de forma cutre algunas canciones, probamos voces y se decidió que cantara yo. A pesar de que David siempre estuvo más inclinado hacia Mecano mientras que yo prefería a Alaska y Dinarama, coincidíamos plenamente en casi todos los clásicos y nuevos grupos de synthpop, especialmente Depeche Mode y Cetu Javu. Meses después, tras adquirir más medios, entra en el grupo Fernando Petisco Peti y el grupo que en realidad no tenía nombre concreto pasó a llamarse Línea Sofisticada.

Continuamos trabajando en más canciones y a los pocos meses nos presentamos en directo en la discoteca Amnesia, en una noche dónde se realizaban los típicos concursos de playbacks. Meses después Jordi García se une a la banda. Estimulados por la publicación del primer álbum de OBK, profesionalizamos ya los instrumentos y comenzamos el famoso año olímpico reuniéndonos casi a diario para ensayar y componer. 

Flyer que anunciaba la actuación de Linea Sofisticada en la discoteca Amnesia (1991)

Empezábamos a ver el proyecto más claro cuando de pronto nos quedamos sin lugar de ensayo y reunión. Pasamos una temporada buscando locales, solicitamos “buc” en el Casal de Joves, pero no nos convencieron las condiciones. Tuvimos momentos de confusión y distanciamientos hasta que encontramos un local en el barrio de La Salut, a escasos metros de su plaza y centro neurálgico.

Arrancamos una nueva etapa, cedo la voz principal a Fernando y paso a ser teclista-corista. Se cambia el nombre del grupo y pasamos a llamarnos Enero.

Por las calles del mencionado barrio podíamos encontrar, además de los celebérrimos OBK, a personajes como, el inicialmente rapero, Fernando Morán que formó parte y grabó con formaciones como Bis T.T, Sincera Ironía o un dúo-producto de la discográfica Blanco y Negro Music, La Bomba (en la línea exitosa de los también sanfeliuenses Los Sobraos). También pasaban por allí el grupo tecno-pop Obsesión (que participaron en el Circuit Zero), el Dj Paco Gervilla, el bailarín y coreógrafo José Real (Pocket’s) o un jovencísimo guitarrista, David López, apodado Kolpez, al que yo llamaba cariñosamente Punkito (3).

Muchos de los que tenían inquietudes artísticas visitaban el local de la calle Sacramento. Nos mostrábamos nuestros trabajos, intercambiábamos opiniones sobre ellos, colaborábamos entre nosotros, nos prestábamos instrumentos, aparatos, discos, etc. 

Nos movíamos más bien por la discotecas y bares musicales como Amnesia, Casino, Sí, Drinks o MS. Recuerdo a sus dj's Iñaki, Raúl, Tecnic, Juan Carlos, Dani Valdés, Freddy o el ya citado Gervilla entre otros, grandes olvidados hoy en nuestra ciudad y que fueron muy importantes para mí. 

A pesar de no ser asiduos, manteníamos cierto contacto con el entorno del Casal, a través de David López y diversos conocidos de la Escuela de Música Luisa Saiz donde nuestra amiga Manoli Diez (que nos acercó mucho a la teoría musical que desconocíamos) era alumna. También conocíamos a miembros de los Víctimas del Deseo y yo seguía de cerca la trayectoria de los grupos de David Rodríguez o Gaby Herrero; me parecían personajes que se escapaban de ciertos patrones y eso siempre me interesó.

Con la primera formación de Enero hicimos algunos conciertos, uno memorable en Amnesia con llenazo total y otros fuera de Sant Feliu. Viajamos a Madrid, tuvimos una entrevista personal con Fernandisco, en los estudios de Los 40 Principales, concertada por Real de los Pocket's. Semanas después, pensamos en volver a cambiar la voz principal a instancias del mismo. Fernando dejó de pertenecer al grupo y Tito Gimeno ocupó su lugar.

Fue ese año 93 cuando empezó la etapa más prolífica de Enero. Aunque, por un lado, los contactos con la industria musical en Barcelona nos instigaban a realizar una música más comercial, por otro empecé a escuchar música más alternativa, sobre todo a raíz del indie, el grunge y todo lo que vino después. A pesar de que nuestros temas eran totalmente electrónicos, tal vez influidos por las nuevas tendencias o para diferenciarnos de todos los grupos de tecno-pop melifluo, empezamos a barajar la idea de añadir guitarras e instrumentos más acústicos. Para ello contábamos con la colaboración de David López que nos ayudó en estas cuestiones en la grabación de las primeras maquetas no estrictamente electrónicas. 

Yo estaba muy influenciado en esos momentos por Héroes del Silencio y Niños del Brasil, que hacían un tecno-pop con mucha guitarra, aires oscuros y algún toque glam, pero de momento tiramos para adelante con lo que parecía querer nuestro futuro productor. 

Ese mismo verano hicimos varios reseñables Super 1 de Los 40 Principales4 por Extremadura compartiendo un variopinto cartel: Iván, Los Lunes, Jorge Ardanza y los Sincera Ironía de Fernando Morán, santfeliuenses también y pertenecientes a nuestros círculos socioculturales.

Después de un par de exitosos conciertos en la discoteca Sí, firmamos con la discográfica Ginger Music y con Boom Management para gestionar nuestras presentaciones. El productor que conectó todo esto sería el DJ Jordi Carreras.

Enero en Rod's Estudios con el dj-productor Jordi Carreras y el técnico del estudio (1994)

Grabamos en Rod’s Studios (BCN) la canción Baila para el recopilatorio Techno Boom, una de las canciones más comerciales del repertorio que acentuó su comercialidad en la producción, pero restó en calidad. Aunque nunca estuvimos convencidos de dicha producción, seguimos adelante con el proyecto y nos presentamos junto a los demás grupos del álbum en la discoteca Studio 54 de Barcelona, absorbida ya en aquellos momentos, por la cadena Chic. Hay que sumar a esto una pequeña aparición en el programa de Tony Aguilar, La Ruta del Aguilar en Los 40 Principales.

Muchas actuaciones durante aquel 94 compartiendo cartel con los grupos del disco, todos cercanos al sonido Electro pop: Sueños Rotos, Alter Ego, Proyecto Urbano, The Mark o Hemisferio Sur. Este último grupo también era de Sant Feliu y estaba liderado por el ex-Enero Fernando Petisco.

También coincidimos con otros grupos de la época como Éxodo o una casi desconocida Mónica Naranjo.

Tras dos años donde creímos acercarnos a nuestros objetivos llegó la bajada. Se grabaron muchas maquetas, pero el anhelado primer álbum, que iba a llevar por título Un sinónimo de principios, nunca se materializó. Las consecuencias: distanciamiento con la discográfica, management, producción, etc. Incluso nuestras vidas personales parecían cambiar. La idea de meter guitarras no parecía convencer del todo a nuestros presuntos mentores, pero, aun así, seguimos nuestro viaje muy cercano al rock hasta culminar en un nuevo cambio de nombre tras la salida de Jordi García.

Poco más de un año estuve yo en aquella banda reformada de nombre Desiderium en la que ya tocaba definitivamente el bajo y en la que había ingresado como guitarrista nuestro amigo David Valero. Nuestro local ya era un estudio en toda regla e intentamos hacer producciones para otros artistas como Do Did Done, donde estaban las hermanas Carlota y Noemí, más tarde Permiso de la Dama, ahora Desembre.

Foto promocional de Desiderium  (1997)

En el verano del 97 tuve un accidente de tráfico que me destrozó un brazo, no podía tocar y eso, más cierto distanciamiento con el proyecto por motivos diversos, hizo que unos ocho meses después, abandonara definitivamente la banda. Un año y medio más tarde el grupo se deshizo y de ello se derivó que David creará su proyecto personal, Ovni, mientras trabaja como técnico de sonido en la sala Luz de Gas, y Tito Gimeno liderará a LUTDENNM.

Un grupo llamado Síbaris y una monja

Jordi García, junto a su pareja Lydia Cuenca, habían abierto un disco-bar en Laureà Miró que llamaron Milenio por la cercanía del año 2000. Nuestro mutuo ex-compañero de grupo, David Cañadas, fue inicialmente el primer Dj del local, pero a los pocos meses pasé a ocupar su lugar, residencia que mantuve quince años.

Paralelamente, tras mi salida de Desiderium, tuve un conato de grupo con los integrantes que ahora forman Primogénito López. El proyecto no cuajó y perdimos bastante el contacto durante años.

En los años que estuve en el Milenio afiancé los lazos que ya tenía dentro de la noche y la música en Sant Feliu a la vez que conocí nuevos grupos u otros tejidos socioculturales que apenas controlaba. 

Entre ellos, todas las personas que colaboraron en la formación y difusión, directa o indirectamente, de mi último grupo hasta el momento, especialmente Víctor Abadía (entonces batería de Entrepierna) y con el que creé, casi de la nada, la historia de Síbaris. 

Después de casi dos años haciendo todo los dos, desde la composición, producción y grabación de las canciones hasta la gestión de la publicación o diseño de la portada: lanzamos el disco El momento perfecto en diciembre de 2010. Poco después formamos la banda para el directo junto a Guillem Moliner (bajo), que también tocaba con A Bote Pronto y Kike Mirón (guitarra). Víctor ejercía, en principio, como teclista y programaciones y yo ponía la voz. Grabamos el videoclip Ahora que aprendí en el Teatre del Centre Parroquial e hicimos un primer concierto en la sala Liverpool del Eitwo (Molins de Rei) con la ayuda de la incipiente productora Blackout Producciones (creada por los ex-Enero Fernando Petisco y Jordi Garcia que acababa de traspasar el Milenio tras doce años). Después de esto, entra en el grupo Ferran Hernández, actual dueño del mencionado disco-bar, como sustituto en los coros y teclas, pero su carisma y desparpajo nos hizo ficharle definitivamente pasando Víctor a la batería.

El grupo sigue su marcha de conciertos, grabaciones y ensayos hasta que, poco antes de participar en el primer festival Sant Feliu Sona (junto a Cybee, Ramon Mirabet y The Penguins), Víctor deja el grupo5. En su lugar entra el versátil Charly Expósito, que ya conocía de bandas locales como En las Últimas, Custom o Gasca. Los cambios en la formación siguen: poco antes de publicar el álbum Técnicas para olvidar el pasado y grabar el videoclip Humo y nada más Kike Mirón también se marcha. 

Con Síbaris en el Sant Feliu Sona (2013)

Y así seguimos desde entonces con la formación que quedó. Más conciertos, grabaciones, la trilogía de ep's de versiones sibarizadas Coito Ergo Sum, algún single y participaciones en recopilatorios alternativos, tributos a David Bowie con la aportación de Marina Barrios y las colaboraciones del guitarrista Aitor Huerta (A Bote Pronto, Extra Radio, Mai, Vorágine) en varias reseñables grabaciones o aquel concierto en el sótano del bar L'Industrial (BCN) donde tocamos  fondo en lo cutre-underground y en el que también participó, el también guitarrista, Àlex Jassé (The Haddocks o Karabash)

Víctor Abadía nunca se fue del todo, aunque continúa tocando con otras bandas, parece ser que sigue colaborando con el grupo que fundó. El futuro dictaminará el devenir.

No puedo acabar sin hablar de mi última y delirante creación en los últimos años: la monja dj Sor Alberta. De manera indirecta y gracias a la invitación a participar en la presentación del Curs de Rock and Roll organizado por la USLA y Els Pagesos conecté con su dueña y señora, Vane Ribas, que tuvo un día la peregrina y eficaz idea de que usase tal disfraz reactivando una faceta de dj en horas bajas6. Además, cerrando el círculo, se da la casualidad de que Vane es sobrina de aquel que puso en mis manos un micrófono por primera vez: Pepe Ruiz.

Sor Alberta en los lavabos de Els Pagesos (2016)

El resto, simplemente canciones, noches y copas. Muchas copas de más.

Albert Isasi  

(Sant Feliu de Llobregat 30 de mayo de 2019)                             

Síbaris en la Sala Iberia (2019)

NOTAS

  1. La Historia de la Música Rock (que se vendía por fascículos) la publicó la Editorial Orbis a partir del año 1981. Eran seis volúmenes que recogían los fenómenos, artistas y grupos más destacados de la escena internacional desde 1954 hasta principios de los años ochenta. 

  2. Luis Hidalgo conducía el programa diario Pop la tarde que permaneció en las antenas de Ràdio Sant Feliu entre 1984 y 1985 en diferentes franjas horarias.

  3. Los Super Uno de los 40 Principales era uno de los festivales que se hacían con un tráiler que se desplegaba y se convertía en un escenario. Estos camiones / escenario recorrían todo el territorio español; nosotros participamos los días 9, 10 y 11 de julio de 1993 en Almendralejo, Usagre y Hornachos (respectivamente)

  4. A David López le llamábamos todos mis amigos Punkito, aunque el mote se lo había puesto yo. David era un chaval de 15 años, muy aniñado, yo tendría unos 21 y lo veía así. La explicación del mote hacía referencia al grupo infantil Los Punkitos que salía en la película de Las aventuras de Enrique y Ana (Ramón Fernández, 1981) y cantaban aquello de Caca, culo, pedo, pis.

  5. La primera edición del festival Sant Feliu Sona se celebró el 12 de octubre de 2013 en la Plaça Lluis Companys dentro de la programación de las Festes de Tardor.

  6. A Vane Ribas la conocía desde hacía tiempo, de hecho, Síbaris presentó en un recién inaugurado Els Pagesos su primer videoclip.                                          

 

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